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NOTAS DE INTERÉS



06/04/2017

Un recurso para enfrentar nuevos retos, la fortaleza emocional

El concepto de fortaleza emocional, va ligado al término “inteligencia emocional”, presentada por psicólogo Daniel Goleman (1995), quién plantea que un niño con una adecuada inteligencia emocional, es aquel que cuenta con la capacidad de reconocer sus emociones, comprender las emociones de los demás (mostrar empatía), adaptarse a situaciones difíciles, controlando su impulsividad y automotivándose para enfrentar los nuevos retos.

Por lo tanto, la fortaleza emocional se construye día a día, a través del estilo de crianza de los padres y el ejemplo que los niños reciben en casa.

Entonces, al promover la fortaleza emocional en nuestros niños, estarán mejor preparados para la vida, pues serán capaces de:

  • Mantener su autonomía y no dejarse influenciar por el grupo.
  • Mostrar seguridad al dar su opinión y respetar la opinión de los demás.
  • Presentar una actitud positiva frente a las dificultades, buscando las soluciones y no desmotivándose por los problemas.
  • Mostrar empatía, generando adecuados lazos amicales e incluso pueden ser los líderes del grupo, por su seguridad personal y la facilidad para comprender a los demás.
  • Presentar una adecuada capacidad para autorregularse, controlando  su impulsividad, evitando discusiones o peleas que no llevan a ninguna solución.

¿Cómo podemos fortalecer la inteligencia emocional en nuestros niños?

  • Construir un vocabulario de sentimientos. Es importante que los niños tengan confianza de conversar con sus padres acerca de sus emociones (alegría, tristeza, cólera, miedo, etc.). Evitar comentarios como: “los niños no lloran”, “los buenos niños siempre están felices”, “tú eres fuerte, no debes llorar”.
  • Comentar y compartir nuestras emociones frente a situaciones que suceden a nuestro alrededor (desastres naturales, fallecimiento de un familiar, etc.), lo cual le permitirá mostrar empatía, colocarse en el lugar de los demás y solidarizarse con ellos.
  • Fomentar que ellos mismos encuentren la solución a los problemas que se le presenten en el día a día. Pueden brindarle una guía, darle pautas, sin embargo, es necesario que sea el niño quien encuentre la solución.
  • Ayudarlo a expresar su desacuerdo o malestar, regulando su impulsividad, sin agredir a los demás. Para ello, es importante brindarle adecuados modelos de autocontrol cuando observa que los adultos expresan su malestar.
  • Aceptar sus errores, reconocer que todos podemos equivocarnos y que podemos volver a intentarlo.

Ps. Lorena Blancas Castro

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