Regresar

NOTAS DE INTERÉS



15/05/2017

Promoviendo una saludable convivencia familiar

Cuando hablamos de una convivencia familiar saludable, nos estamos refiriendo al sentido de satisfacción, seguridad y armonía que nos proporcionan las relaciones familiares. La vida de la familia depende de la comprensión de los sentimientos y de sus necesidades. Para dialogar de ello, es preciso entender que la familia es un grupo que funciona a modo de sistema; es decir, lo que siente, piensa, dice y hace cada miembro de la familia influye necesariamente en los demás; además, tiene la necesidad constante de adaptarse a las situaciones del entornos y sus propios cambios internos. Precisamente es en el proceso de adaptación que va creando sus propias pautas de interacción, que la hacen particular, específica y diferente a la de otras familias.

Estas pautas de interacción constituyen la forma de funcionar de la familia y, al mismo tiempo, determinan los comportamientos o conductas de sus miembros en su mutua relación. Para que la convivencia sea saludable y satisfactoria, la familia debe poder cumplir dos funciones esenciales:

  1. Lograr que cada uno de sus miembros desarrolle su capacidad de amar y de relacionarse con los demás.
  2. Proporcionar un sentimiento de pertenencia al núcleo familiar y a una sociedad y cultura; esto equivale a “mantener un necesario equilibrio entre amor y autoridad”, siendo los padres y/o los cuidadores quienes asumen la principal responsabilidad.

Es así que hablamos de familia funcional, cuando la familia cumple bien sus funciones esenciales. De lo contrario, estaríamos frente a una familia disfuncional; en este caso, las relaciones pueden propiciar la aparición de conflictos, síntomas y enfermedades.

Cada familia tiene un estilo propio de desempeñar sus funciones; sin embargo, se puede señalar algunas características que promueven una convivencia saludable:

  1. La relación familiar debe fomentar la adecuada autonomía de todos los miembros. Toca a los padres ayudar a sus hijos a desarrollar las habilidades necesarias para que tomen sus propias decisiones y puedan valerse por sí mismos; permitiéndoles y animándolos desde que son pequeños a expresar sus sentimientos, emociones, necesidades, deseos, preferencias y expectativas. Asimismo, valorar sus cualidades y competencias, así los niños aprenderán a quererse a sí mismos y a ser responsables. Lograr esto requiere que los padres desarrollen tres capacidades básicas: paciencia, ponerse en el lugar de los hijos y depositar confianza en ellos. De esta manera estarán promoviendo la autonomía e independencia de sus hijos e hijas.

  1. Las pautas relacionadas con “lo que se debe y no se debe hacer”; es decir, las funciones, deberes y derechos, deben ser claras y aceptadas por todos, de modo que nadie se sienta sobre-exigido. Sin embargo, debe existir una adecuada cuota de flexibilidad de las reglas y los roles que permita dar solución a los conflictos que pudieran surgir. También es muy importante que no haya rigidez en cuanto a las funciones masculinas y femeninas en el hogar, más bien debe procurarse el apoyo mutuo para que todos puedan cumplir con sus funciones.

  1. En la familia existen relaciones de jerarquía o distancia generacional que deben estar claramente definidas. La relación es horizontal entre aquellos que tienen el mismo nivel jerárquico, como en la relación entre los cónyuges y la relación entre hermanos; y es vertical en la relación entre padres e hijos. La familia se hace disfuncional cuando no se respeta la distancia generacional o se invierte la jerarquía, como cuando los padres confunden autoridad con autoritarismo, o cuando la madre pide autorización al hijo para salir de compras, o cuando un hermano asume el rol de padre de sus hermanos.

  1. La comunicación es el factor más importante que afecta la salud y la relación con los demás, debe permitir la escucha y el interés genuino de los unos con los otros, basarse en un diálogo claro, sincero, coherente y afectivo, de este modo se promueve la autoestima de todos los miembros su capacidad de compartir sentimientos, experiencias, logros y expectativas. Es muy importante saber que cuando se habla se hace con todo el ser, con las palabras, con el rostro, el tono de voz y los músculos de todo el cuerpo. En ese sentido, hay que evitar los mensajes incongruentes; es decir, lo que se trasmite verbalmente debe corresponder con lo que dice el cuerpo, el gesto, o el tono de voz, del mismo modo lo que se dice tiene que quedar claro.

  2. Es importante que la familia comparta tiempo realizando actividades agradables que promuevan la solidaridad y el deseo de compartir. Po lo general, estas actividades se vuelven tradiciones o costumbres familiares: compartir la hora del almuerzo o cena, contar cuentos a la hora que los niños se van a acostar, salir juntos los fines de semana o hacer juntos algún tipo de deporte o actividad recreativa.

Laura López Trelles

Terapeuta de Familias

  • Locación:
    Av. Benavides 3030 - Miraflores, Lima 18 - Perú
  • Teléfonos:
    271-2053 / 981451650
  • Correo:
    informes@arcadeperu.com
© 2014 ARCADE. Todos los derechos reservados