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NOTAS DE INTERÉS





01/07/2014

¡MAMÁ... ACOMPÁÑAME!; TENGO MIEDO!, ESTÁ MUY OSCURO!

A más de uno le debe parecer bastante familiar la frase de arriba, y es que, alrededor de los 5 y 6 años, suele empezar el desarrollo de algunos de algunos miedos en nuestros hijos(as). Ésta crecimiento del miedo, va de la mano con el desarrollo cognitivo del niño(a). Es por esa razón, que están más propensos a los estímulos (como ruidos, sombras, películas, entre otros) que potencian su imaginación y dan como resultado monstruos escondidos bajo la cama, objetos macabros en la oscuridad, un fantasma, o algún personaje de la ficción. 

Una manera distinta de apoyarlos en el proceso de vencer temores es el hecho de establecer rutinas. Es conocido que las rutinas y buenos hábitos permiten que uno se sienta más relajado al momento de acostarse. En el caso de nuestros pequeños(as) si se le establece una rutina, como por ejemplo, hacer tareas, ver televisión, darse un baño, tomar lonche y leer un cuento y acostarse, le será más fácil conciliar el sueño, ya que, el acostarse y apagar la luz es parte de su rutina diaria lo que hará que se convierta en un hábito. Pero eso sí, debemos ser consistentes y no ceder, si ya se conversó con ellos(as) de manera anticipada sobre las horas de juego, baño, tareas, etc., debemos de tratar de no ceder y conceder en algunas de estas actividades unos minutos más o menos. 

Darles las buenas noches cuando nuestros hijos(as) ya estén en la cama, darle un beso de buenas noches y conversar sobre cosas bonitas que hayan pasado ese día y las cosas que harán al día siguiente, eso permiten que se acuesten con un mensaje positivo y sea más sencillo centrarse en lo positivo más que en el miedo. 

El juego como una herramienta para vencer miedos

El juego es una de las mejores maneras de llegar a los niños(as) y es, a su vez, un recurso muy útil para ayudarlos a superar algunos de sus temores, además de pasar un tiempo en familia de una manera divertida, por ejemplo: 

Algunos juegos clásicos como la gallinita ciega, ponle la cola al burro o cucurucho, ya que, parte de la regla de estos juegos es que la persona se vende los ojos. Esto permitirá que su hijo(a), en cierto sentido, interactúe con la oscuridad, generando que se sienta más cómodo y tenga una adaptación más fácil en la noche. 

Otra alternativa son los juegos en la tarde/noche, como sombras de animales o cosas en la pared, contar cuentos o hacer juegos como reconocer objetos a través del tacto y con los ojos vendados, siendo el objetivo el mismo, que agarre una mayor confianza en la oscuridad.

Evidenciar que no hay monstruos o fantasmas

Otro punto importante es demostrar a nuestros hijos(as) que la casa es segura y que sus miedos son producto de su imaginación. Los lugares más comunes que generan este efecto son el espacio debajo de la cama, el interior del armario y los huecos detrás de las puertas.

Algunos niños(as), identifican determinados lugares dentro de la casa que les produce más miedo, donde tal vez “allí se oculta ese ser macabro”, a partir de esto último, podríamos acompañar a nuestro hijo(a) para que él/ella mismo compruebe que, efectivamente, allí no hay nada, pero de una menara divertida, por ejemplo: buscar algo que no se encuentra, hacer una limpieza, jugar al tesoro escondido, etc., estas actividades permite comprobar que no hay nadie. Y si se utiliza un juego, el pequeño(a) lo asociará aquellos lugares con sensaciones positivas.

 

Ps. Elsa María Solimano 

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