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NOTAS DE INTERÉS



27/04/2017

Conquistando el miedo

“No es valiente el que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo”

Nelson Mandela

Primero es importante definir: ¿Qué es el miedo? El miedo es una emoción que se origina a partir de un evento o situación que se interpreta como una amenaza o peligro. Esta emoción activa el instinto de supervivencia, persuadiendo a la persona a estar alerta para huir y/o protegerse. Ésta interpretación puede suscitarse a partir de algo real o algo imaginario.

¿Qué quiere decir que puede originarse a partir de algo propio de la realidad o de la imaginación? Por ejemplo, es esperado que si nos encontramos frente a un animal peligroso, alguna catástrofe de la naturaleza, accidente, enfermedad, entre otras, sintamos miedo y nuestra acción sea huir del peligro, proteger o evadirlo. Esta fuente de miedo proviene de algo real ya que el daño que puede causar podría ser bastante probable.

En cambio, el miedo imaginario se deriva de uno mismo, por ejemplo, miedo a empezar un nuevo trabajo, iniciar una relación, dar un examen, hablar en público, hacer una presentación de baile, deporte u otra actividad, ingresar a un nuevo colegio, miedo a la crítica, a perder un juego, a la oscuridad, etc.

En este tipo de miedo se puede utilizar diferentes herramientas y/o recursos, tal vez no para eliminarlo por completo pero si para disminuir su intensidad y tener respuestas o actitudes que permitan poder seguir adelante y así enfrentar la situación.

Recuerden que el miedo puede estar presente, ya que, tal como se mencionó al inicio, es una emoción, y todos los seres humanos la vamos a sentir porque estamos vivos, así como podemos sentir alegría, tristeza, cólera, sorpresa, etc. 

Sin embargo, si logramos utilizar el miedo como un motor que impulse buscar estrategias o alternativas para superar distintas situaciones, pues, como dice la frase, lo habremos conquistado, no obstante, esto no quiere decir necesariamente que dejaremos de sentirlo.

¿Qué podemos hacer? Lo principal es tener en cuenta que, frente al evento o situación que influye en la emoción del miedo, existe una interpretación de por medio.

Justamente, es esa percepción, creencia, idea o pensamiento que se tiene la que tenemos que combatir.

Podemos empezar haciéndonos la siguiente pregunta: “¿Qué es lo peor que podría pasar?”, esta pregunta nos permite profundizar más sobre esas ideas o pensamientos que surgen de la interpretación del evento. De igual manera, nos ayuda a aterrizar ese miedo a un contexto más real, ya que, muchas veces, lo “peor que podría pasar” es muy poco probable o no tan malo o feo.

Una vez identificada esa interpretación, se pueden trabajar distintas técnicas de relajación enfatizando en la respiración profunda y la tensión y distensión de músculos. Esto con el objetivo de bajar el nivel de la emoción y facilitar la búsqueda de soluciones o alternativas.

Finalmente, es importante tomar en cuenta que es natural sentir miedo,  a cualquier edad, y que esa emoción no nos hace débiles ni frágiles. Por el contrario, es de valientes reconocer qué es lo que nos genera temor y más aún, intentar afrontarlo (conquistarlo) de la mejor manera.

Ps. Elsa María Solimano

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